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EL HORROR DE UNA MUERTE ANUNCIADA
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La Coordinadora Paz para la Mujer
denuncia una vez más el asesinato de una mujer a manos de su esposo
en Guayama. Este crimen conlleva el horror particular de ser una
muerte anunciada y contra una víctima cuya dependencia a substancias
la ponía en estado de mayor fragilidad ante cualquier tipo de
amenaza física o de otra índole. Es inaudito que este crimen se
haya ejecutado después de por lo menos dos avisos oficiales a las
autoridades. La indiferencia de no atender el caso más allá de la
incomparecencia de la querellante al tribunal en situaciones
previas, según se desprende de los partes de prensa, es negligente e
inadmisible. El caso requería seguimiento, investigación a fondo y
referido para ayuda experta, ya que se trataba de una condición de
menoscabo de las capacidades normales de la persona, y de riesgo
mayor.
La víctima de este caso, Betzaida López Ortiz, radicó querellas por
agresión y amenazas de muerte contra su esposo desde diciembre del
año pasado. Se conoce, y el personal de servicio de agencias
públicas y privadas ha sido adiestrado en ello, que muchas veces el
temor y la dependencia paralizan y detienen a las víctimas en sus
gestiones por liberarse de un agresor en el escenario doméstico.
Más aún, los expertos reconocen las limitaciones físicas,
emocionales, sociales y económicas de la población de personas
adictas a substancias tóxicas, que en este caso resultaron
determinantes. Sus derechos humanos y civiles, y a servicios
adecuados, no menguan por su condición. No hay razón que
justifique la pérdida de control como excusa para agredir,
muchísimo menos asesinar, a una mujer ni a ninguna persona en
circunstancias de fragilidad.
La violencia contra la mujer se exacerba en Puerto Rico.
Coordinadora Paz para la Mujer redoblará su esfuerzo por mantener la
denuncia sin tregua y promover y exigir acciones que demuestren que
en Puerto Rico no se tolerará más esta situación. La Coordinadora
promueve el que las víctimas busquen ayuda en centros de servicios y
albergues, ya que el silencio solo protege al agresor.
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